La información que recoge el sistema visual es interpretada a nivel cerebral. Esto quiere decir que dos tercios de todos los nervios que entran en el cerebro se relacionan con el sistema visual. De ahí la importancia de la visión en el aprendizaje, puesto que el 80% de lo que aprendemos lo hacemos a través del sentido de la visión.
Las habilidades visuales necesarias para alcanzar un buen rendimiento escolar se desarrollan durante los seis primeros años de vida y, a pesar de esto, pueden ser reforzadas con posterioridad con un programa de terapia visual personalizado.
La Terapia Visual proporciona al paciente la oportunidad de aprender a usar su visión de la manera más eficiente. Cuando el sistema visual trabaja de una forma eficaz, se puede recibir, procesar y comprender más y mejor la información visual. Cuando hay problemas en la percepción y proceso de la información visual, la Terapia Visual es el tratamiento más adecuado para conseguir una buena bilateralidad del cuerpo, coordinación ojomano, percepción de formas, direccionalidad y técnicas de visualización.
La mayoría de los problemas visuales se pueden corregir con gafas o lentes de contacto, pero existen algunas disfunciones que requieren un tratamiento más completo. Para tratar los problemas de tipo muscular y no ópticos como la movilidad ocular, el enfoque, la flexibilidad o disfunciones binoculares, se necesita de un tratamiento activo como la Terapia Visual.
La Terapia Visual optométrica está programada de manera individual teniendo en cuenta las necesidades de cada paciente. Existen otras actividades específicas diseñadas para los distintos diagnósticos, tales como los problemas de aprendizaje relacionados con la lectura, la disfunción binocular, la miopía tensional, la ambliopía y el estrabismo. El programa consiste en una primera fase monocular, donde se trabajan los ojos independientemente uno del otro: y al llegar a las capacidades del 100% de cada uno de ellos, se trabaja la binocularidad.